29.1.13

cadenas de intermediarios y precios bajos

Diría que la eficiencia (calidad y rapidez) de una traducción depende en más de la mitad de los casos de forma inversamente proporcional al número de intermediarios entre el traductor y el cliente final. Cuando el cliente del traductor es el cliente final, el cliente suele conocer perfectamente el contexto del texto. Hace un rato una colega consultaba en un foro la mejor traducción para "piñón". Ese era el asunto de mi notificación. Cuando fui al mensaje vi que especificaba que se trataba de un taller que ofrecía "tallado de engranajes y piñones". Si fuera mi traducción y mi cliente, le llamaría para preguntar ... si del contexto de los demás servicios que ofrece no tenía suficiente información de contexto. Acudir a un diccionario no suele ser la mejor primera opción. Si es malo, ofrece pocas acepciones, si es bueno, ofrece muchas, y en contexto. Pero el contexto o se conoce o no se conoce, y si no se conoce, se adivina. Si hay intermediarios, puede que sea imposible siquiera preguntar. O si se puede preguntar, puede que la persona intermediaria no sepa realmente transmitir la pregunta, o conseguir la respuesta que necesitamos. Hay "agencias" que tienen miedo de preguntar al cliente, porque temen "quedar mal". También las hay buenas, que te pasan un teléfono para llamar directamente al técnico, o le dejan el tuyo, para que te llame.

Claro que cuando el cliente no es el autor del texto, la cosa puede cambiar. O cuando no es ni autor ni destinatario, sino que tiene que presentar un papel, traducido, que él mismo ha solicitado, pero que a veces no entiende ni él. Con un poco de suerte, puede conocer el contenido, aunque no alcance a entender la forma en que se ha redactado el papelito de marras. 

Y la calidad depende, también, del precio. Hace poco apareció una agencia china solicitando traductor-revisor para documentación técnica del ramo del automóvil: del alemán al español. Ofrecían entre 0.03 y 0.05 $US. Cuando la tarifa media MÍNIMA generalista en, por ejemplo, Translators Café se mueve entre los 0,06 de Bolivia y los 0,12 de Estados Unidos. El cliente final sólo puede ser alemán o español (no se pedía variante sudamericana, o bien la agencia no sabía pedirlo, claro).  Esas tarifas suponen que el traductor es una especie de esclavo-monje tibetano, sin apenas ningún gasto de infraestructura, y trabajando entre 12-19 horas diarias para ganar unos 600-800 euros al mes (eso sí, pagando impuestos y seguridad social española).

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